1.
INTRODUCCIÓN
La ruptura prematura de membranas fetales
(RPM) es una de las complicaciones
obstétricas más relevantes y frecuentes en la
práctica clínica, caracterizada por la pérdida
de la integridad del saco amniótico antes del
inicio del trabajo de parto. Esta condición
afecta aproximadamente al 10 % de los
embarazos y constituye un desafío tanto para
el equipo médico como para el personal de
enfermería, por el riesgo de infección
materna y compromiso fetal que conlleva (1).
Cuando ocurre antes de las 37 semanas de
gestación, se denomina ruptura prematura de
membranas pretérmino (PPROM), lo que
incrementa la probabilidad de parto
prematuro y complicaciones neonatales
graves (2).
Diversos factores pueden contribuir a la
aparición de la RPM, entre ellos infecciones
del tracto genitourinario, antecedentes
obstétricos de parto prematuro, deficiencia
nutricional, tabaquismo, y alteraciones
estructurales del cuello uterino (3,4). Estos
elementos comprometen la resistencia de las
membranas fetales, aumentando su
vulnerabilidad frente a la presión intrauterina
y la actividad uterina prematura.
El manejo clínico de la RPM depende de la
edad gestacional y del estado materno-fetal.
Entre las estrategias terapéuticas utilizadas
destaca el uso del pesario de Arabin, un
dispositivo médico diseñado para disminuir
la presión sobre el cuello uterino y prolongar
la gestación en mujeres con riesgo de parto
prematuro (5). Este método, junto con la
administración de antibióticos, corticoides y
progesterona, forma parte de un abordaje
multidisciplinario orientado a mejorar el
pronóstico neonatal (6).
En este contexto, el rol de enfermería adquiere
una importancia fundamental. La
atención de enfermería en casos de RPM no
solo se enfoca en la vigilancia clínica control
de signos vitales, detección temprana de
infecciones y educación sobre el reposo y
adherencia terapéutica, sino también en el
acompañamiento emocional de la gestante.
Un cuidado humanizado, basado en las
taxonomías NANDA, NIC y NOC, permite
planificar intervenciones seguras y
personalizadas que promuevan el bienestar
materno-fetal y reduzcan la ansiedad
asociada a esta condición (7,8).
El presente artículo analiza un caso clínico de
ruptura prematura de membranas con
colocación de pesario de Arabin, destacando
la intervención del profesional de enfermería
dentro del proceso de atención. Se busca
fortalecer la evidencia sobre la relevancia del
cuidado enfermero en embarazos de alto
riesgo y su impacto en la evolución positiva
del binomio madre e hijo.
1.1 FUNDAMENTACIÓN
TEÓRICO–EPISTEMOLÓGICA
La ruptura prematura de membranas (RPM)
se define como la pérdida espontánea de la
integridad de las membranas cori amnióticas
que ocurre antes del inicio del trabajo de
parto, constituyendo una de las
complicaciones obstétricas más frecuentes.
Se estima que afecta aproximadamente al
10% de las gestaciones, de las cuales un 3%
sucede antes de las 37 semanas, situación que
incrementa el riesgo perinatal y clasifica al
embarazo como de alto riesgo tanto para la
madre como para el feto (1). Cuando el
intervalo entre la ruptura y el inicio del
trabajo de parto es prolongado, se incrementa
el riesgo de infecciones y de complicaciones
potencialmente graves, lo cual exige un
manejo clínico oportuno y adecuado (2). En